La palabra del maestro divino
CURSO DE VERANO EN BRINDAVAN
Sigan al Intelecto,
no a la Mente
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
¡Oh, hombre tonto!, ¿por qué buscas a Dios en el exterior como lo hace el ignorante ciervo con el almizcle? Como la fragancia en una flor, Dios está dentro de ti si miras con visión interna.
Dios está en el hombre; no, el hombre mismo es Dios; pero extraña y tontamente, el hombre busca a Dios en el mundo externo. Sin embargo, a1 igual que la ceniza cubre al fuego en el carbón, el deseo y el odio ocultan esta divinidad en el hombre. Así como el fuego se revela cuando se sopla la ceniza, el Ser (Atma) se revelará al hombre cuando elimine el
deseo y el odio. (Poema Telegu)
¡Encarnaciones del amor!
Un mismo hombre desempeña diferentes funciones en su familia y en la sociedad, como marido de su esposa, padre de sus hijos, hijo de sus padres, jefe de sus empleados o viceversa, dependiendo de las relaciones físicas, actitudes mentales y tendencias u otras circunstancias. El amor se prodiga a la hija pero no a la nuera, el yerno no disfruta del mismo afecto que el hijo, uno no tiene el mismo apego por la madre de uno que por la de su esposa. ¿Cuál es la razón de que tales diferencias, basadas en las relaciones temporales del cuerpo, propicien el surgimiento de todo tipo de atracciones y aversiones, gustos y disgustos, alegrías y penas? Se debe a que la mente del hombre está sujeta a cinco tipos de distorsiones o complejos (klesas).
LOS CINCO COMPLEJOS MENTALES Avidya klesa (complejo de ignorancia)
El hombre se convierte en presa de diferentes aflicciones debido a sentimientos estrechos y engañosos como "yo soy el cuerpo", "yo soy un jiva (alma individual)" y "yo soy ajeno y diferente de Dios". A esto se le llama avidya klesa (complejo de ignorancia), el cual minimiza el estado del hombre y origina muchas desdichas.
Abhinivesa klesa (complejo de apego)
La mente es la morada de todos los deseos, penas, gustos, disgustos, apegos y aversiones. A pesar de saber que mente es la culpable, la que causa el apego a samsara (existencia transmigrato-ria) y la compañera de miserias, el hombre es incapaz de desapegarse de su mente o de controlar sus caprichos para alejarse de la desdicha y de sufrimiento. A éste se le llama complejo de apego.
Asthita klesa (complejo de indecisión)
El mundo está lleno de distintos objetos de los sentidos (vishayas), que atraen a las personas débiles de mente, que van de un objeto sensorial a otro sin darse cuenta de que estos objetos sensoriales finalmente se convertirán en visham o veneno, el cual los privará de todo sentido de discernimiento y desapasionamiento. Debido a ello, los hombres están sumidos en un sufrimiento interminable durante toda su vida. A esto se le llama asthita klesa (el complejo causado por la inestabilidad mental).
Loba klesa (complejo de codicia)
Al trabajar bajo el engaño de que la meta de la vida es adquirir oro, riqueza, autos, mansiones y demás, el hombre trabaja ardua e incesantemente desde el amanecer hasta que anochece para adquirir y acumular esas posesiones más allá de sus necesidades. Durante ese proceso come y duerme mal, poniendo en peligro su salud. Aunque sabe que todas las posesiones son temporales, contamina su mente con la codicia excesiva y es víctima de sufrimiento y desdicha inenarrables. A esto se le conoce como lobha klesa (el complejo de codicia).
Dwesha klesa (complejo de odio)
Debido a su egoísmo, el hombre queda atrapado en una red de interminables deseos de todo tipo, y cuando sus deseos no se cumplen, sin ninguna razón culpa de todo a los demás, así como al mismo Dios y, por lo tanto, desarrolla odio en contra del hombre y de Dios. Por ello a éste se le denomina dwesha klesa o complejo de odio.
Todos estos complejos no son sino aberraciones mentales, las cuales son perjudiciales al hombre. Al volverse víctima de esas aberraciones, el hombre se olvida de su verdadera naturaleza átmica y es presa de todo tipo de desdicha y miseria. En este mundo descubrimos que pocas personas siempre están en estado de bienaventuranza, la mayoría oscila entre la dicha y la pena. Unas siempre están tristes y deprimidas y jamás han disfrutado de la bienaventuranza ni siquiera una vez. Otras no se preocupan por nada y llevan una especie de vida mecánica, como animales. ¿Cuál es la razón de tal estado de cosas? No se debe a la naturaleza sino a las distintas formas en las que la mente influye en el hombre.
CUATRO CATEGORÍAS DE SERES HUMANOS
Basados en su predisposición mental, los seres humanos pueden clasificarse en las cuatro categorías siguientes:
El hombre santo (deva-manava)
Una persona santa es la que se regocija en la comunión con Brahman y está siempre establecida en Brahman, dedicando todas sus acciones a Dios, viendo todas las cosas como su manifestación y felizmente experimentando todas las formas como reflejos de la Divinidad. El hombre santo encuentra la realización en su vida.
El hombre humano (manava-manava)
Sólo es hombre aquel que se deleita en la verdad y la justicia, la veracidad y la rectitud. Guía su vida con base en los principios de la verdad y la conducta recta. Su deber o responsabilidad le importan más que sus derechos. Posee virtudes tales como bondad, compasión, generosidad, caridad y tolerancia. Así, el hombre humano vive la vida pacífica del hombre de familia.
El hombre demoniaco (manava-danava)
Un demonio es aquel que siente placer al beber licores intoxicantes. El hombre demoníaco pasa su tiempo en actividades tamásicas como comer, beber, dormir, etcétera; a él sólo le preocupan sus intereses egoístas y sus placeres, y jamás se interesa por la felicidad de los demás. La bon‑
dad y la compasión le son extrañas; ni siquiera existe un rasgo de discernimiento o desapasionamiento en él; su naturaleza es la de burlarse, ofender y herir a los demás. Lo que es peor, la sola visión de un hombre noble y santo hará surgir en él un sentimiento de celos y odio. A una persona cuya mente está llena de tales pensamientos y sentimientos malignos se le llama "hombre demoniaco".
El hombre animal (manava-pasuvu)
Este tipo de hombre desperdicia su vida al buscar sólo los placeres sensuales desde que nace hasta que muere. En este sentido es peor que las bestias, pues a aquéllas por lo menos las guía el instinto, mientras que el hombre brutal no tiene límites ni respeta ningún momento, pues no tiene control sobre sus siempre crecientes cualidades malignas.
La mente está en la raíz de todas esas perversidades. Si la comprendemos y disciplinamos de forma adecuada y la empleamos para eliminar las cualidades malvadas debidas al egoísmo, nos guiará hacia una vida fructífera y llena de sentido. Básicamente se debe a pensamientos egoístas el que fracasemos al no alcanzar la meta de la vida humana.
TODO ES SAT-CHIT-ANANDA
Primero que nada debemos tener constante fe en la divinidad inherente al hombre. Por un lado está el mundo manifiesto, el cual atrae la atención de nuestro cuerpo y los sentidos y también seduce a la mente, y por otro lado está la divinidad inmanifestada, que es el sustrato del universo manifiesto. Los dos sólo son aspectos del uno y mismo principio divino de Sat-Chit-Ananda, Ser-Conciencia-Bienaventuranza. Ya que todo es Sat-Chit-Ananda, los Upanishads han declarado que ambos aspectos son totalmente divinos. Aunque la naturaleza esencial y verdadera del hombre es Ser-Conciencia-Bienaventuranza, lo persiguen perpetuamente todo tipo de problemas, dificultades y desdichas. ¿Cuál es la razón? Que sigue a la mente y no al intelecto.
SIGAN AL INTELECTO
Vivir como un hombre humano (manava manava) es vivir sólo una vida mediocre. La meta del
hombre debe ser vivir como un hombre divino (manava deva); pero actualmente el hombre lleva una vida de animal debido a los deseos y al odio. La no satisfacción de un deseo propicia el odio. La verdadera naturaleza del hombre no es ni la dicha ni la pena sino Sat-Chit-Ananda (Ser-Conciencia-Bienaventuranza) que trasciende tanto la dicha como la pena, las cuales son transitorias. Por lo tanto, el hombre debe esforzarse por experimentar Ser-Conciencia-Bienaventuranza. Viviendo en este vasto universo, deben tratar de cultivar sentimientos igualmente amplios. Sin embargo, guiada de forma errónea por la mente, la gente alberga sentimientos estrechos y así hace su vida miserable. La solución es seguir la guía del intelecto, ignorando los caprichos de la mente.
"El hombre tonto que confía en su mente se degradará, volviéndose algo peor que un animal, mientras que el sabio que sigue la guía del intelecto se convertirá en Pasupathi", es decir, Shiva, el Señor de todas las criaturas (poema)."El hombre tonto que confía en su mente se degradará, volviéndose algo peor que un animal, mientras que el sabio que sigue la guía del intelecto se convertirá en Pasupathi"
¿Por qué es tan importante el intelecto? Debido a que los órganos de los sentidos son superiores al cuerpo, la mente es superior a los sentidos y el intelecto es superior a la mente. El Atma (el Ser) es superior al intelecto, por lo cual se puede ver que el intelecto es el más cercano (de todos) al Ser y por ende tiene la ventaja de recibir el máximo poder y luz del Ser. Por consiguiente, el hombre debe utilizar su intelecto para conocer y experimentar al Ser y vivir una vida de bienaventuranza.
LO QUE EL HOMBRE LE DEBE A DIOS
Desde el nacimiento hasta la muerte, el hombre invierte su tiempo y su energía en comer y dormir. ¿Es éste un acto digno del hombre? Algunos pueden presumir de su erudición o sus peregrinaciones, o de la adoración y los rituales que realizan o de los importantes cargos que desempeñan. Sentirse orgullosos de tales actos es un pecado.
Sólo cuando las personas reconozcan con sinceridad que le deben todos esos logros a la gracia de Dios serán leales a su naturaleza. El hombre se degrada hasta un estado demoníaco al pensar una cosa, decir otra y actuar de forma diferente, violando la tan necesaria armonía entre estas tres actividades.
LA TRIPLE UNIDAD
Una vez, Adi Shankaracharya llegó a la sagrada ciudad de Kasi (Benares) después de haber cumplido con éxito por todo el país una campaña de debates filosóficos. Ahí, mientras recibía el darshan de Viswanath, la deidad que presidía el lugar, pronunció la siguiente oración: "¡Oh Señor! He venido a ti para expiar mis pecados". ¡Qué extraño! Shankaracharya había santificado su corta vida estudiando todas las escrituras de la Tierra, había escrito muchos volúmenes de brillantes exposiciones y profundos comentarios de los Vedas, los Upanishads y otros textos. También había conducido su vida según los lineamientos establecidos en las escrituras. Debido a sus gloriosas obras, es aclamado como la encarnación de Shiva. Podría parecer, por lo tanto, muy extraño y hasta paradójico que una gran persona de su reputación rezara así. ¿Cuáles eran, entonces, los pecados que había cometido? Él mismo dio la respuesta:
"¡Oh Señor Shankara! Mi primer pecado es que, a pesar de que sé y también he enseñado a los demás que Dios está más allá de la mente y el habla, he tratado de describirte a través de muchos himnos que he compuesto. Esto demuestra falta de concordancia entre mi pensamiento y mi palabra.
"Después, cuando la enseñanza de las escrituras me convenció de que Dios lo permea todo en el universo manifiesto, he predicado esta verdad a todos. Sin embargo, he venido a Benares para recibir tu darshan. Esto demuestra que mis pensamientos, mis palabras y mis acciones varían entre sí. Ésta es mi segunda falta.
"En tercer lugar, tengo firme fe en las enseñanzas de las escrituras cuando afirman que ese uno y el mismo Atma (Ser) es inmanente en todos los seres y que no existe diferencia entre el jivatma (alma individual) y el Paramatma (alma suprema). Aun cuando he proclamado esta verdad en
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todas mis disertaciones, he venido aquí frente a ti, como si los dos estuviésemos separados y fuésemos diferentes el uno del otro. Éste es mi tercer error; por lo tanto, te ruego que me absuelvas de estos tres pecados de que soy culpable".
Del pasaje anterior en la ejemplar vida de Shankaracharya debemos aprender una importante lección. La creencia popular es que sólo es pecado cometer actos como insultar o herir físicamente a otros; pero, contrario a esta creencia, pensar algo, decir otra cosa y hacer otra diferente constituye un pecado que comete la mayor parte de la gente. Sólo cuando el hombre desista de este tipo de pecado y asegure la armonía y unidad de pensamiento, palabra y acción se le podrá considerar un hombre perfecto (purna manava). Ésta es la razón por la cual los Upanishads han declarado que un mahatma (una persona de alma elevada) es aquel que practica la pureza y unidad de pensamiento, palabra y acción, mientras que aquel cuyos pensamientos, palabras y acciones difieren unos de otros es un duratma (persona malvada). En esto la mente desempeña un papel crucial, y bien puede elevar al hombre a las más grandes alturas o degradarlo al más bajo nivel. Debemos ser dueños de nuestra mente y no sus esclavos. El control sobre la mente es una ardua tarea que el hombre afronta en la actualidad.
ALBERGUEN ALTOS IDEALES
El hombre debe desarrollar altos y nobles ideales y sentimientos en todas las esferas de la vida (física, moral, religiosa y espiritual). No se debe sentir satisfecho con placeres sensoriales, los cuales son temporales y dejan una estela de miseria. La mente es la responsable tanto de la elevación como de la caída de uno. No debemos actuar precipitadamente basados en los dictados caprichosos de la mente. Una persona actúa con una mente disciplinada sólo después de considerar si la acción es buena o mala, correcta o equivocada. Un hombre así finalmente alcanzará la meta de la realización de sí mismo.
(Del discurso de Bhagavan en el curso de verano en Brindavan, el 25 de mayo de 1993).
Sai Ram