SATHYA SAI ANANDAM
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lunes, 10 de abril de 2023

DISCURSOS DIVINOS SOBRE EL BHAGAVAD GITA Por Sri Sathya Sai Baba

DISCURSOS DIVINOS SOBRE EL BHAGAVAD GITA Por Sri Sathya Sai Baba Recuerden al Señor – Olvídense del mundo

Por Sri Sathya Sai Baba

Recuerden al Señor – Olvídense del mundo

De todas las valiosas cosas del mundo, la más preciosa es el tiempo. Cada cual puede pensar para sí mismo respecto a cómo estamos empleando este precioso recurso. El deber primordial del hombre es el ofrecer su cuerpo, su trabajo y su tiempo al Señor, quien es la encarnación misma del tiempo.

El tiempo que ha pasado se ha perdido para siempre. La salud que a veces se desperdicia y se pierde, puede recuperarse con ayuda de las medicinas, pero para el tiempo que se ha malgastado no hay forma alguna de hacerlo volver para emplearlo de nuevo. Debemos poner todo nuestro empeño para usar correctamente este tiempo tan valioso. El tiempo es infinito y sigue adelante eternamente. Y el tiempo que se nos otorga no es sino una fracción infinitesimal de ese tiempo. Desperdiciamos nuestra vida creyendo que el mundo fenoménico es verdadero y, en consecuencia, gastamos nuestro limitado tiempo para disfrutar de los placeres del mundo fenoménico.

Si reflexionamos, aunque sea por unos instantes, en lo que hemos logrado y en la forma en que empleamos nuestro tiempo, lamentaremos no haberlo utilizado de mejor manera. Cuando nace una persona, clama "Koham, Koham", ¿Quién soy yo? Si malgastamos toda nuestra vida sólo para mantener nuestra existencia física, ¿cuándo llegaremos a entender quiénes somos realmente? En nuestra vida hay un significado bastante más profundo que el mero cuidado del cuerpo. Debemos iniciar nuestra vida con el "¿Koham?", ¿Quién soy yo?, y deberíamos terminarla con "¡Soham!", ¡Yo soy Aquello! Uno debe llegar a reconocer que, en sí mismo es la Divinidad y, de ese modo, concluir su vida en Prashanti, la Paz suprema. Desgraciadamente, el hombre pone toda su atención en los goces que puede tener en el presente, y no piensa en lo que sucederá más adelante. Se ha estado concentrando en obtener resultados inmediatos de sus acciones actuales, mas no ha pensado nunca en las consecuencias que se producirán en el futuro.

Malgastamos nuestro tiempo, sin pensar en el perjuicio que podríamos sufrir en el futuro. No podemos saber en qué momento, en qué lugar y bajo qué circunstancias puede presentarse el peligro en nuestro camino. Es por ello que debemos santificar ahora el tiempo del que disponemos, usarlo adecuadamente, reconociendo lo sagrado y precioso que es.

Puede que estemos preparados para ofrecer millones de dólares por la compra de lo que sea que se nos ponga por delante, mas no hay suma alguna de dinero que pueda comprar la recuperación del tiempo que ya ha pasado. La juventud es el período más precioso y más sagrado de la vida humana. Ella nos ofrece la dorada oportunidad de utilizar correctamente nuestro tiempo y de santificar nuestra vida. En la vida humana, al igual que las aguas que corren en un río, la época de la juventud no puede hacerse retornar. La juventud actual debería reconocer este hecho y emplear su tiempo de manera correcta, así llegarán a ganar la plenitud en la vida. Vivan sus vidas reconociendo la importancia del tiempo y manteniéndose conscientes de los muchos aspectos de la rueda del tiempo. Piensen anticipadamente en lo que pueda ocurrir en el futuro, manteniendo siempre a la vista la meta de vuestras vidas.

En el capítulo sobre el Bhakti Yoga del Gita, se dice que el tiempo es el elemento más importante de la vida de una persona. El Gita Acharya ha enseñado que incluso aunque no lleguen a desarrollar un alto sentido del desapego, si pueden llevar a cabo todos sus trabajos y deberes como formas de culto, ofreciéndole todo al Señor, llegarán a alcanzar la plenitud de sus vidas. Él le dijo a Arjuna: "Arjuna, cumple con tu deber. Cuando debas luchar, lucha. Pero lucha pensando en Mí, ya que de ese modo no será pecado. Si Me has ofrecido todo y Me tienes firmemente afincado en tu corazón, no sufrirás ninguna de las consecuencias de tus acciones. No se te pide que te retires a la foresta para llevar a cabo penitencias y Tapas, ni que te dediques al Sannyãsa renunciando a todas tus relaciones. No tienes necesidad de renunciar a tu familia ni a tu hogar ni a todas tus propiedades. Todo lo que veas, todo lo que digas, todo lo que oigas, todo lo que pienses, todo lo que hagas, hazlo como trabajo Mío y ofrécemelo. Ofréceme tu mente y tu inteligencia. Esta es la manera adecuada de santificar tu tiempo. Si conduces así tu vida, no tendrás que hacerle frente a problema alguno".

Lamentablemente, uno no encuentra en el hombre de hoy esta capacidad de renunciación y esta firmeza de propósito y de fe, como para ofrecerle su mente y su intelecto a Dios. Sin embargo, debemos desarrollar esta fe. La gente educada de hoy, el ciudadano actual, carece de una visión empapada en fe. Nadie puede albergar la esperanza de poder prever, en base a sus propias acciones, en base a sus méritos y desmerecimientos, el tipo de vida que le espera en el futuro, en qué circunstancias o en qué lugar en particular se va a encontrar. Nadie, salvo el Señor, puede saber estas cosas. Él lo sabe. Si ustedes renuncian a todo, Él les protegerá en cualquier situación. Un devoto ha de desarrollar firmeza y fortaleza mental. Cualquiera sea el trabajo que hagan, deben contar con una fuerte determinación y una resolución firme. Sin ello no podrán lograr ni lo más ínfimo.

Debemos establecer al Señor en nuestro corazón y decirle: "Bien, querido Señor. Resides en el Universo todo, mas, no obstante, estás en mi corazón, y haciendo uso de todos mis poderes Te mantendré allí. Cierto es que Tú eres lo más grande de lo grande, mas eres también lo más pequeño de lo pequeño. Y en aquella pequeña forma resides en mi corazón". Si tenemos una fe así de fuerte en nosotros, y una fuerte determinación para establecer a Dios en el sitial de nuestro corazón, Le alcanzaremos ciertamente.

Un cierto rey llamado Bhagiratha, logró que el Ganges fluyera desde Kailash a la tierra, debido a que tenía una tal firmeza y determinación y a que había hecho la promesa de ayudar a sus antepasados a alcanzar el Cielo. También Gautama Buda fue capaz de alcanzar el Nirvana mediante una firme determinación y mucha penitencia. Un buen día, habiéndose enterado que Buda estaba pidiendo limosna, su padre le mandó un mensaje diciendo: "Oh hijo mío, mis abuelos fueron emperadores y reyes, y también lo fue mi padre, también yo soy rey, así como lo eres tú. He llegado a saber que tú, un rey, descendiente de tan ilustre linaje, has estado mendigando alimento. No hay carencia de bienes o de riquezas en este reino, ni falta de lujos. Puedes tener todo lo que quieras.

Sufro de indecible dolor desde que supe que tú, que puedes gozar de todos los lujos, de deliciosos alimentos y de las comodidades de un palacio real, te has dedicado a mendigar, que duermes sobre el duro suelo y que llevas la incómoda vida de un mendigo. Por favor, retorna al palacio. Te daré la bienvenida y lo arreglaré todo para tu regreso. Si lo haces, hasta el reino será tuyo".

Buda quien escuchó todo ello con absoluto desapego, le contestó a la persona que trajo el mensaje: "Por favor, dile al rey: Si, mi abuelo fue rey, mi padre es un rey y yo también lo fui. Mas ahora soy un Sannyasi y creo que mis padres reales son Sannyasis y que también lo fueron mis ancestros.

Si quieres que regrese, tendrás que responder primero a estas preguntas: ¿Tienes el poder de salvarme de la muerte? ¿Puedes garantizarme una salud perfecta? ¿Tienes la capacidad de evitar que se abatan sobre mí la vejez y la senilidad? ¿Tienes la capacidad de mantener alejadas de mí las enfermedades y de prevenir que me sobrevenga algún mal? ¿Tienes el poder de liberarme de todos estos males? Si me puedes dar las respuestas correctas, regresaré de inmediato al palacio."

Se dice que el nacimiento es triste, que también es triste la vida como así mismo el final. Por ello debemos ser extremadamente cuidadosos. Buda le contestó de manera correcta a su padre, porque, después de haber visto todas las tristezas de la vida y después de haber visto sufrir a tanta gente, uno no puede continuar solazándose en la ignorancia y la ilusión. Ello sería una absoluta estupidez. En el limitado tiempo de que disponemos, debemos darnos cuenta de nuestra propia verdad y descubrir nuestra real naturaleza. Esta es la meta y el objetivo más importante de la vida. Nuestro cuerpo se compone de cinco elementos y, algún día, perecerá.

El Residente en nuestro cuerpo es la única entidad permanente. Cuando inquirimos en la verdad, nos daremos cuenta que no hay nada que signifique vejez o muerte para el Yo residente en nuestro interior. Si podemos llegar a entender que este Residente es Dios, habríamos llegado a conocer la verdad.

Cuando expresan "esto es mío", están declarando que son diferentes de aquello que señalan como vuestro. Cuando dicen 'este es mi pañuelo', afirman vuestra condición de ser diferentes del pañuelo. De modo que con esta expresión, el pañuelo está disociado de su dueño. Cuando dicen "este es mi cuerpo", significa que dan lugar a que sea algo distinto y separado del cuerpo. El cuerpo se les ha otorgado para que tengan la oportunidad de realizar lo que verdaderamente son, para que puedan reconocer a su Residente interno. Sin un cuerpo, no tendrían la posibilidad de conocerlo a Él, no podrían llevar a cabo actividad alguna ni seguir ningún Karma. Todos los Karmas no pueden sino llevarse a cabo con la ayuda del cuerpo. Nuestro cuerpo está compuesto por los cinco Karma-Indriyas, los cinco Jnana lndriyas, los cinco Pranas y las cinco Koshas. De modo que el cuerpo consiste de veinte principios. Si suman a ellos la mente, el intelecto, el corazón y el ego, vemos que con el Atma residente se llega a un total de 25 principios, los que conforman a un individuo. El conocimiento del cuerpo y del Espíritu que reside dentro de él, se conoce como Samkhya.

Los necios que nacen en Mãyã (ilusión) y crecen en Mãyã, jamás lo reconocen por lo que es. Todo el mundo es Mãyã, todo apego es Mãyã, la vida familiar es Mãyã, la muerte es Mãyã, todo lo que ven y piensan es Mãyã. Esta vida misma, es Mãyã.

¿En dónde están todos esos reyes y emperadores y todas esas personas que se sentían tan orgullosas de sus logros? Todos han sido desmenuzados por las ruedas del tiempo. Días, meses, años y yugas se han fundido unos en otros. El tiempo es un continuo fluir, y en este fluir son arrastrados todos, todo objeto y toda persona.

El único pilar que el tiempo no puede arrastrar consigo y que puede cuidar de todos es el Señor. Solamente Él puede proteger a cada ser. El representa el único embalse para este río del tiempo. Este es el secreto de la vida. Y aquel que reconoce este secreto es un ser humano verdadero. Este es el gran principio de la humanidad. La forma correcta de gozar de la vida es el creer en el Señor y aferrarse a Él y no creer en el mundo desechando nuestro apego a él.

De modo que, en primer término, no deberíamos olvidarnos del Señor. En segundo término, no deberíamos creer en el mundo y, en tercer lugar, no deberíamos tenerle miedo a la muerte, estos representan los tres principios más importantes de la vida.

El Bhakti Yoga enseñó las características y atributos de un verdadero devoto. Un devoto verdadero deberá presentar 64 cualidades, mas resulta imposible para cualquier individuo aislado tener todos estos atributos. Si podemos llevar a la práctica uno de estos 64 atributos, ello será suficiente. Uno debería tener una fe inconmovible en el Señor. Si puede mantener esta firme fe en Él, no requerirá de nada más. En una caja de cerillas puede haber 50 de ellas. Si desean fuego, bastará con que froten una, no será necesario que utilicen las 50 que contiene la caja. De manera similar, de estos 64 atributos, bastará con que uno solo se practique a la perfección. El más importante de los atributos es Prema. Swami ha dicho a menudo: "El Amor es Dios y Dios es Amor. Vivan en el Amor". Si uno vive en el amor y gracias a ello llega a estar inmerso en la Divinidad, el Señor se hará cargo de todo lo demás. "Cuando tienen este tipo de devoción, Me son caros" declaró el Señor Krishna. El Bhakti no consiste en las formalidades ritualísticas como la adoración, el cantar Bhajans, dedicarse al Japam o al Dhyana. Se refiere a esta profunda fe en el Señor.

Existen cuatro tipos de devotos: el Arthi, el Arthãrthi, el Jijnasu y el Jnani. El Arthi se refiere a aquel que le reza al Señor cuando tiene dificultades o sufre pruebas o tribulaciones; sólo en esos momentos se acuerda del Señor y le reza. El segundo tipo de devoto es el Arthãrthi. Este es aquel que le implora al Señor para obtener posición y poder, pedirle progenie y larga vida y la obtención de diferentes manifestaciones de riqueza, como propiedades, bienes, ganado, oro, dinero y cosas por el estilo: estos son los principales intereses del Arthãrthi. No obstante, nuestra verdadera riqueza la constituye la sabiduría, nuestros bienes los representa la buena conducta y el carácter es nuestra posesión más valiosa. Apetecemos los groseros objetos del mundo, sin darnos cuenta del sutil significado y sentido de lo que representan. El tercer tipo de devoto es el Jijnasu. Este está siempre ocupado en inquirir en los principios de la espiritualidad. ¿En dónde está Dios? ¿Quién es Dios? Cuál es nuestra relación? ¿Quién soy yo? Todas estas indagaciones constituyen el Tattva Jnana, el principio del conocimiento espiritual. En primer lugar debemos descubrir ¿Quién soy yo? ¿De dónde provino este mundo? ¿Cuál es mi meta? Los tres son factores importantes. El Jijnasu trata de comprender estos tres aspectos acercándose a las grandes personas, escuchando y sirviéndolas, o estudiando las escrituras.

Ese paso inicial del prestar oído, que constituye un conocimiento indirecto, debe ser seguido por el observar, que constituye el conocimiento directo. Cuando ha llegado a absorber plenamente en sí las enseñanzas, abandona la etapa del Jijnasu y pasa a la del Jnana. ¿A qué se refiere Jnana? ¿Representa al conocimiento secular? No. Ello implicaría únicamente el conocimiento del mundo. Eso no es Jnana que es el verdadero conocimiento espiritual, el tipo de conocimiento trascendental. Jnana es sabiduría; se refiere a la experiencia de la Unidad, la experiencia del Uno sin Segundo. El experimentar cosas que son solamente externas, producirá sufrimiento.

Aquí viene una historia que ilustra los cuatro tipos de devoción que se han enumerado. Había una vez un hombre acaudalado que tenía cuatro esposas. Tuvo que viajar al extranjero por un asunto importante, y pasó algunos meses fuera. Antes de volver a casa, le escribió una carta a cada una de sus esposas. En ella mencionaba que estaría de regreso en algunas semanas y les pedía que, si había algo que desearan de ese país en particular, le hicieran llegar una lista y él les traería todo lo que quisieran. La cuarta mujer era la menor y, siendo una jovencita, tenía muchos deseos. Le escribió: "Querido Señor, por favor tráeme joyas finas, saris y los artículos que estén de última moda por allá". Al recibir la misiva, el marido arregló de inmediato para conseguir lo que le pedía. La tercera mujer era infeliz, se trataba de una mujer de mala salud. De modo que sólo mandó una lista de medicamentos, explicando que su salud no estaba de todo bien y que le gustaría tener algunos remedios extranjeros para probar si la hacían sentirse mejor.

La segunda mujer tenía ciertas aspiraciones e inclinaciones espirituales. Ella le escribió solicitándole algunos libros que pudieran existir en aquel país sobre la vida de grandes hombres, santos y almas esclarecidas, pidiéndole que se los trajera. La primera mujer escribió: "Queridísimo, no necesito nada. Estaré muy feliz con el solo hecho de que vuelvas sano y salvo". Todo lo que le habían pedido, el marido lo trajo. Para su cuarta mujer, la más joven, el marido trajo joyas y bellos saris. Para la tercera, trajo los últimos medicamentos y tónicos. Para la segunda, trajo bellos ejemplares de las escrituras y otros libros sagrados. Y luego se fue para estar junto a su primera mujer la que sólo lo quería a él y nada más. Las otras tres sintieron celos de la primera, debido a que el marido había ido a quedarse con ella. "¿Qué significa ésto?" – se preguntaron – "Después de todo el tiempo que ha estado fuera, no ha venido ni una sola vez a visitarnos. ¡Vamos a preguntarle cual es la razón que tiene para no hacerlo!" El marido les respondió: "Le he dado a cada una de ustedes exactamente lo que me pidió. Una me pidió las mejores joyas, y las traje. Otra pidió medicamentos, y los traje. Otra me pidió libros sagrados, y le entregué los libros. Mas una de ustedes me quería a mí, y ahora ella me tiene!"

Este marido es el Señor mismo y las cuatro mujeres pueden compararse a los cuatro tipos de devotos. El Señor siempre les dará aquello que pidan. Y cualquiera que no pida sino al Señor, Él vendrá y residirá en su corazón. Dios es el árbol de los deseos cumplidos. Dios es la vaca celestial. Responderá a los pedidos de todos. Es omnisciente y omnipresente. De hecho, este mundo mismo puede ser comparado con el árbol que concede los deseos. A través de este mundo es que el Señor satisface a todos, cualesquiera sean sus deseos. Mas el hombre no ha reconocido este hecho.

El mundo entero es una creación de Dios y está penetrado de Su Voluntad. Dios está en todas partes. No guarden malos pensamientos para nadie. Mantengan un completo control sobre sus sentidos y alberguen sólo buenos pensamientos. No importa si somos viejos o jóvenes, deberíamos tener sólo buenos pensamientos y llevar una buena vida. Este es el verdadero significado de "humanidad". La palabra Nara que significa hombre, representa aquello que no puede ser destruido, sino que retornará al Señor. "Ra" se refiere a la destrucción. "Nara" significa el que no será destruido. Él es el hijo de la Inmortalidad. Y es así que los Upanishads han declarado: "No eres una criatura mortal, tu esencia es inmortal". Al hombre también se le llama Manava. "Ma" se refiere a la ignorancia "Na" se refiere a no y "Va", a la conducta. Significa aquel que se conduce sin mostrar ignorancia. Mas hoy en día todos se comportan de manera estúpida. Carecemos de todo sentido apropiado para el término "hombre".

Se dice que "la muerte es más dulce que la ceguera de la ignorancia". Debemos lograr que la ignorancia se torne en un factor distante, por medio de la adquisición de la sabiduría. Si quieren alejar la oscuridad deben traer la luz. Si quieren lograr la sabiduría, deben ganarse la Gracia de Dios. Una vez que hayan ganado la Gracia, vuestra ignorancia será arrasada. Thyagaraja dijo: "Rama, si tengo Tu Gracia, ¿qué pueden hacerme estos planetas?" La vida del hombre se basa sobre los seis enemigos: lujuria, orgullo, ira, codicia, envidia y egoísmo; su vida se fundamenta por completo en la Gracia del Señor. Debido a ello debemos pensar en profundidad y tratar de entender este principio de la sabiduría, y aspirar a ganar la Gracia de Dios. De ese modo estaríamos estableciendo un ejemplo para todo el mundo. Recuerden esto: En todo lugar y en cualquier circunstancia, piensen siempre en el Señor. No hay mayor Sadhana que este en la era de Kali. Ocúpense en la repetición constante del sagrado nombre del Señor.

Fuente: Extracto del Discurso Divino pronunciado por Bhagavan el 18/8/1984

jueves, 6 de abril de 2023

Satsang con Sri Madhusudan Sai || Live from Argentina || 05 April 2023


 
Encuentro con diferentes organizaciones de desarrollo para las comunidades desfavorecidas .  Divino mensaje de Sri Madhusudan Sai en el tramo final del acto :


https://www.youtube.com/watch?v=YlUAokHV7Mo

martes, 28 de marzo de 2023

Ramayana: La Historia del Rey Rama

 

Ramayana: La Historia del Rey Rama


Recontada por Bhagavan Das Bhakti Shastri

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El épico más querido en la India resumido y ricamente ilustrado.

“¡Cuidado! ¡Ese es el hombre que hurta a los que transitan por la calle de noche!”, era lo que decían las personas cuando veían a aquel hombre de barba y semblante poco amistoso. No solo era aficionado al robo, sino que también pesaba en su historia la muerte de muchas personas. Debido a su comportamiento criminal, sus ojos no tenían brillo, y su hablar desconocía las palabras agradables.

Un día, sin embargo, un gran santo de nombre Narada Muni se apiadó de él. Narada Muni, en su atuendo color azafrán y volando por el cielo con su inconfundible instrumento musical, fue hasta el pobre hombre y conversó con él: “Mira cuán triste es tu situación: las personas se apartan temerosas al ver tu persona. Aun así, tengo la cura para el mal que te aqueja: sencillamente canta el nombre del Supremo, aquel que ama a todas las entidades vivientes, con lo cual, tu corazón se purificará. Canta ‘¡Rama!, ¡Rama!, ¡Rama!’. ¡Verás que tu corazón quedará limpio como un lago de cisnes!”.

La instrucción disgustó al hombre. “Mi vida siempre estuvo marcada por la muerte, ¿qué relación tengo yo con el nombre del Señor Supremo, el amigo de todas las entidades vivientes?”. Narada Muni, entonces, cambió hábilmente su pedido y dijo: “Ya que encuentras placer en matar, canta el nombre del semidiós de la muerte, Mara”. El hombre caído aceptó el consejo del santo, y cantó todo el tiempo: “¡Mara!, ¡Mara!, ¡Mara!”. Sin embargo, aquello era un truco del gran sabio Narada. Al cantar MaraMaraMaraMara en forma encadenada, invirtió el orden de las sílabas y finalmente cantó el nombre de Dios: RamaRamaRama. Así, por la misericordia combinada del representante de Dios y de Dios, en la forma de Su nombre, aquel corazón se volvió puro.

Cantando el santo nombre del Supremo Señor Rama, entró en profunda meditación. Tan consagrado a la meditación estaba, que las hormigas junto a él pensaron que se trataba de un árbol y construyeron un hormiguero sobre él. Cuando despertó de su meditación y salió del hormiguero, todos comenzaron a llamarlo Valmiki, “aquel que salió del hormiguero”. Entonces, con su corazón completamente purificado, Valmiki cumplió la misión encomendada: contar las glorias del Señor Supremo, el Señor Rama, en el libro Ramayana.


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El Ramayana es un libro muy antiguo y aclamado, el cual versa sobre una encarnación, o avatar, de Dios, el Señor Supremo. Esa encarnación, conocida como Ramacandra, o simplemente Rama, vino a la Tierra hace mucho tiempo atrás. En cuanto exhibía el comportamiento ideal de un rey santo, Su vida afrontó grandes tribulaciones, actos de heroísmo y romance.

Esta historia describe las maravillosas cualidades de Rama. Puesto que Rama era completamente puro y el verdadero amigo de todos, el pueblo del reino de Su padre estaba ansioso por el día en que fuera coronado el próximo rey. Sin embargo Rama no sería coronado debido a las artimañas de una envidiosa mujer. En vez de convertirse en rey, Rama fue exiliado al bosque por muchísimos años. Durante su estancia en la selva, donde vivió junto a Su hermano Laksmana y Su esposa Sita, un terrible demonio, Ravana (el demonio de diez cabezas), raptó a Su amada esposa. Residir fuera de Su reino le resultaba sencillo, pero Rama sufrió mucho ante la pérdida de Su esposa, Sita. ¿Cómo podría Ramacandra rescatar a Su esposa viviendo en el bosque, sin ejército alguno? Para poder hacerlo, Ramacandra buscó la ayuda de una raza de monos inteligentes, y un gran asalto habría de producirse… Pero es mejor comenzar desde el principio.

El nacimiento y los estudios del Señor Rama

Mucho tiempo atrás, existió un rey llamado Dasharatha. Desde la terraza de su palacio, Dasharatha observaba su magnífico reino —Ayodhya. Reyes y príncipes entraban al palacio para pagar sus impuestos, y, a lo lejos, el rey veía a los ciudadanos cabalgando por carreteras impecables. Otros ciudadanos se hallaban sentados en las plazas repletas de árboles de mango y canteros de flores multicolores. Volando por encima de la ciudad, el rey veía también las aeronaves de oro de las esposas de los semidioses.

A pesar de todo, el rey era un hombre taciturno. Dasaratha era hijo, nieto y bisnieto de grandes reyes, y su linaje comenzaba con el gran rey Manu, quien había fundado aquella ciudad. Cuando Dasharatha pensaba en los reyes que aparecieron previamente en su familia, se entristecía aún más.

El abatimiento de Dasaratha se debía a que el destino no le había obsequiado siquiera un descendiente. Por causas desconocidas, ninguna de sus esposas concebía. El rey, en su aflicción, convocó por fin a los sabios de la ciudad para oír sus consejos sobre cómo hacer frente a aquella realidad perturbadora. El mejor de los sabios, dijo: “Estimado rey Dasaratha, sé que Vuestra Majestad tendrá un gran hijo muy pronto. Todo ha sido arreglado por el Controlador Supremo. Para que el hijo de Vuestra Majestad nazca sin demora, haremos una ceremonia a orillas del río Sarayu. Vuestra Majestad ya no debe tener ninguna ansiedad”.

El rey proveyó todo lo necesario para la ceremonia, y el fuego sagrado fue encendido por los competentes sabios. Luego que todo fuera hecho a la perfección, el rey quedó a la espera de alguna señal divina. ¿Habría fracasado la ceremonia? Aquella ceremonia ofrecida a Dios era la última esperanza del monarca. ¿Ni siquiera así obtendría un hijo?

Repentinamente, surgió una personalidad magnífica del fuego sagrado. Brillando como el Sol de la tarde, la personalidad dijo: “Rey Dasaratha, soy un mensajero de los cielos y traigo la nueva de que Dios está satisfecho con tu sinceridad y esfuerzo. Dios descenderá personalmente como tu hijo recién nacido y no solo eso, vendrá con tres asociados, quienes serán los hijos menores de Vuestra Majestad”.

El mensajero entregó al rey una pequeña vasija de arroz dulce. “Pide a vuestras esposas que coman este arroz, tras lo cual concebirán y el reino de Vuestra Majestad tendrá príncipes para dar continuidad al linaje real”.


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El rey Dasaratha era un hombre nuevo, ahora dichoso. Con la ayuda de personas piadosas, obtuvo la bendición de ver a sus esposas embarazadas. Transcurrido un tiempo, nació el pequeño Ramacandra, así como Su hermanos, llamados Laksmana, Satrughna y Bharata.


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A medida que crecían, los jóvenes manifestaban todas las buenas cualidades. Rama era particularmente notable: aunque habilidoso como un tigre y elegante e imponente como un león, era sereno como un lago, humilde como la hierba y sabio como un libro antiguo.


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Los jóvenes aprendieron de diferentes maestros como utilizar las armas para defender a los inocentes, y se educaron también en la ciencia de la distribución de alimentos entre la población. Los príncipes aprendieron, principalmente, como transmitir valores religiosos al pueblo. Ningún rey puede impedir que los ciudadanos de su reino mueran, de ahí la obligación del rey de educar a las personas en el camino religioso, camino que conduce a la inmortalidad, a la libertad del ciclo de nacimientos y muertes.

Los héroes de Ayodhya

Cuando Rama y Laksmana eran todavía muy jóvenes, el sabio Visvamitra les pidió ayuda. El rey Dasaratha hallaba que sus hijos eran todavía jóvenes para el combate, pero Visvamitra insistió: “¿Acaso Vuestra Majestad no sabe que Rama es el Señor Supremo? Vuestra Majestad nada debe temer. Él ciertamente podrá ayudarnos sin ninguna dificultad”.


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El sabio Visvamitra, en compañía de otros grandes maestros espirituales, trataba de realizar un sacrificio de adoración a Dios, pero los poderosos demonios comedores de carne siempre perturbaban sus ceremonias. La meta de las prácticas religiosas era traer paz al mundo, pero durante el ocaso los demonios atacaban y contaminaban el lugar del sacrificio arrojando impurezas tales como sangre y huesos.

Rama y Laksmana habían sido muy bien entrenados en el uso de las armas para proteger a las personas santas y de buena conducta. Así, Rama y Laksmana fueron hasta los sabios necesitados de ayuda. Una vez allí, sin ninguna dificultad, arrojaron a los demonios al mar valiéndose de sus arcos y flechas.

El gran casamiento

Dasaratha deseaba encontrar esposas apropiadas para sus hijos, puesto que una esposa educada y un hombre religioso es una excelente combinación. El sabio Visvamitra conocía el deseo de Dasaratha de casar a sus hijos, por lo que, tras salvar a los sabios de la amenaza a sus prácticas religiosas, Rama y Laksmana fueron conducidos por Visvamitra al reino de Mithila. En ese reino, el rey santo llamado Janaka proponía un desafío para elegir al esposo de su hija Sita. El desafío que debía afrontar el hombre que desposaría a su hija —perfecta en todo lo que hacía— consistía en tener la fortaleza suficiente como para levantar un arco gigantesco. Además de levantar el colosal arco, antes perteneciente a Shiva, el príncipe que aceptara el desafío debía encordar el arco.

El arco era mágicamente pesado. En efecto, era tan pesado que se necesitaban trescientos hombres para empujar la caja en la cual estaba guardado. El rey Janaka sabía cuán especial era su hija Sita, de ahí que el desafío fuera tan arduo. Hasta aquel día, nadie había podido siquiera levantar el arco. Nadie excepto la propia Sita, quien cierta vez fue vista levantando el arco despreocupadamente para limpiar el polvo debajo de él…

En aquella ceremonia del desafío de levantar el arco y encordarlo, muchos fracasaron, algunos de manera vergonzosa. Por fin, Rama se encaminó hacia el arco. Y, sin ningún esfuerzo, levantó el arco, para sorpresa del público. Y no solo lo levantó sin dificultad, sino que lo dobló tanto para colocarle la cuerda que el arma se partió al medio.


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El gran estallido producido por la rotura del arco hizo que todos en la asamblea cayeran hacia atrás. Sita, muy feliz por el esposo que acababa de obtener su mano, exhibió su felicidad obsequiándole a Rama una guirnalda de flores frescas.


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También se seleccionaron esposas para Laksmana y los otros dos hijos del rey Dasaratha. Un bello casamiento con ceremonia de fuego se organizó para las cuatro parejas.

Rama es la Suprema Personalidad de Dios, y Sita es la Diosa de la Fortuna, el aspecto femenino de Dios. Ellos parecían casarse en aquel evento pero, en verdad, la relación entre ambos es eterna.

Ya casado, el Señor Ramacandra regresó con todos para Su reino, Ayodhya, donde los días pasaron alegremente. El rey Dasaratha, ya anciano, decidió retirarse de las obligaciones reales y transferir la corona a Rama, dado que este portaba todas las cualidades de un líder perfecto: virtuoso, justo, autocontrolado, preocupado por el bienestar ajeno. La ciudad se regocijó por la noticia e hizo preparativos para el gran festival.

La envidiosa Kaikeyi

“Pasa los banderines por aquí”; “¿por qué no colocamos estas hojas del bananero más acá, junto a las hojas del manguero?”; “¿quién está haciendo las guirnaldas de flores para los sabios?”; “¿has visto la guirnalda de flores de Sita?”; “¡hermosa combinación de colores!”; “No puedo esperar para ver la ropa que ella usará ese día!”.

El entusiasmo de los ciudadanos era inmenso por aquel gran día en que Rama sería coronado. Ese sería el mejor y más memorable festival de todos los tiempos. Mujeres, ancianos, niños —todos cooperaban para que el reino de Ayodhya estuviese bellísimo para el día tan esperado.

Alguien, sin embargo, no estaba alegre por el hecho de que Rama fuera coronado. Esa persona insatisfecha era la reina Kaikeyi, influenciada por la mala compañía de su envidiosa criada jorobada.


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El rey Dasaratha tenía tres esposas, lo cual era común en tiempos remotos pues existían más mujeres que hombres (demasiadas muertes durante las guerras, en aquel entonces muy frecuentes). Kaikeyi era la esposa más joven de Dasaratha y también su favorita, y quería que su propio hijo fuera coronado en vez de Rama. Cuando Kaikeyi recordó, gracias a su envidiosa criada, que el rey le debía dos favores, no dudó en solicitarlos. Al ver a su amada esposa descontenta, Dasaratha dijo que atendería sus pedidos de inmediato. Ella entonces pidió: “Concédeme el favor de coronar rey a mi hijo Bharata en lugar de Rama, y obliga a Rama a vivir en el bosque por doce años, para que no intente tomar el reino de mi hijo”.


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Dasaratha no podía deshacer su promesa de concederle dos favores a Kaikeyi, y Kaikeyi no abandonaría el deseo orgulloso y egoísta de ver a su hijo como rey. El corazón de Dasaratha parecía partirse al medio. Rama, sin embargo, aceptó el exilio en el bosque sin lamentarse, ya que su placer reposaba en el cumplimiento del dharma, en el cumplimiento del deber, que ahora lo llamaba a honrar la palabra de Su padre. Su hermano Laksmana y Su esposa Sita insistieron en acompañarlo al bosque durante los doce años que debía pasar allí. Kaikeyi, ansiosa por su partida inmediata, rápidamente les proveyó atuendos a los tres hechos con cortezas de árboles.

Tal era el amor por el Señor Rama, que los ciudadanos de Ayodhya desearon dejar la ciudad para ir a vivir al bosque junto a Él, Su hermano y Su esposa, razón por la cual Los siguieron hasta la entrada del bosque. Cuando cayó la noche y todos se durmieron, Sita, Rama y Laksmana aprovecharon la oportunidad para partir hacia la selva. De otro modo, el pueblo de Ayodhya jamás los dejaría.

El bosque y los demonios

Después de cruzar un río, llegaron finalmente al bosque, dejando atrás a todos los amigos y parientes a fin de cumplir la palabra de Dasaratha. Al llegar al bosque, Rama se sintió apenado por ver a Sita en un lugar tan inhóspito, pero estaba satisfecho por hacer lo que sabía que era Su responsabilidad religiosa para con Su padre. Oyendo los sonidos del bosque, Rama pensó: “El sonido que resuena en este bosque es el canto de los pájaros, los gritos de los monos, el bramar de las osas y el rugir de los tigres. El sonido que se esparce ahora en Ayodhya ciertamente es el sonido del llanto de hombres virtuosos y de mujeres castas, pero todos tienen que vivir su destino”.

Lentamente, los tres entraron en el bosque donde tendrían que vivir los próximos años. Sita caminaba protegida en medio de los dos hermanos guerreros.


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No tardó mucho en aparecer el primer gran peligro de su estancia en el bosque, un indicativo de que serían doce años que requerirían mucha superación personal. El primer gran demonio que encontraron fue el terrible Viradha, que tenía una apariencia monstruosa y llevaba cabezas de animales atadas a su lanza. Lleno de vanidad, Viradha dijo a Rama y a Laksmana: “Mi nombre es Viradha, el terrible comedor de personas de este bosque. Por vuestro bien, iros inmediatamente. ¡No tratéis de enfrentarme, pues soy inmune a cualquier arma que exista en este mundo! ¡Dadme a la princesa y os dejaré ir! ¡La tomaré por esposa y quedaré satisfecho!”.

Rama Se exasperó y Sus ojos se enrojecieron como sangre. “¡Tonto patético!”, dijo Rama. “Obviamente, anhelas residir en la morada de la muerte. ¡Por lo tanto, he de enviarte ahí sin demora!”. Tras decir estas palabras con voz de trueno, Rama lanzó contra el demonio siete flechas doradas, liberándolo de su perversidad.

Terminado el episodio de la salvación del demonio Viradha, Laksmana construyó una cabaña para Sita y Rama, donde todos vivieron una vida simple y humilde por muchos años. Los sabios y maestros espirituales del bosque cercano a la cabaña frecuentemente los visitaban para pedirles protección de los terribles demonios que se convertían en obstáculos en su vida religiosa. Rama y Laksmana jamás eran violentos por pasión o en defensa de intereses egoístas, sino que estaban dispuestos a castigar con Sus armas a quienes vulneraran la rectitud sacramental.

Un día, una demonia llamada Surpanakha casualmente pasaba cerca de la cabaña. Escondida detrás de los árboles, deseaba ser la esposa de Rama. Cuando la demonia se ofreció a Ramacandra para ser Su nueva consorte, el Señor Se rehusó. Él había hecho el voto de ser completamente fiel a Sita, Su única y amada esposa. Ramacandra, con intención de trueque, ofreció a Su hermano a la deforme demonia. Ramacandra le dijo: “¿Por qué no te casas con Mi hermano? ¡Él es una buena opción! ¡Mira cuán fuerte y gallardo es!” Laksmana jamás Se sentiría atraído por una mujer de naturaleza envidiosa y mundana, pero Se permitió intervenir en la ocurrencia de Rama, y dijo: “No soy tan buena opción. Sería mejor que te casaras con mi hermano, que es infalible y amado por todo el universo”. Surpanakha se irritó por el rechazo e intentó atacar a Sita, pero Lakshmana rápidamente contraatacó a Surpanakha para defender a la princesa.


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Herida por Laksmana, Surpanakha recurrió primeramente a su hermano, Khara, quien tenía un gran ejército a su disposición. Viendo que Laksmana había herido a su hermana en defensa de Sita, decidió vengarse y envió a catorce demonios guerreros para matar a los tres humanos. Al ser informado de que Rama había matado a todos los guerreros enviados, Khara reunió a su ejército y salió dispuesto a pelear personalmente. En el camino, aparecieron diversas señales que indicaban que lo que estaba dispuesto a hacer era inapropiado —un buitre volaba sobre su cuadriga, los chacales aullaban—, pero él ignoró todos esos malos augurios.

Cuando Khara llegó a donde estaban Sita, Rama y Lakshmana, este último se encargó de proteger a Sita, y Rama Se ubicó inmediatamente en posición de combate contra Khara y su ejército. Las tropas de Khara, sus caballos, su conductor, su arco y su cuadriga fueron destruidos. El propio Khara, entonces, enfrentó a Rama tratando de matarlo lanzándole árboles, pero Rama derrotó fácilmente al demonio. Sin embargo, Surpanakha no desistiría en su determinación de tener a Rama por esposo.

Ravana, el demonio de diez cabezas

Surpanakha fue donde su hermano mayor llamado Ravana, el más cruel de todos los demonios. Ella no solo le contó sollozando sobre el ataque de Laksmana y la muerte de su hermano Khara, sino que también le habló de Sita, la mujer más bella en los tres mundos. Surpanakha pensó que si Ravana tomaba a Sita para sí, ella podría obtener finalmente al Señor Rama. Ravana, el terrible demonio de diez cabezas, era famoso por haber derrotado a los residentes de los planetas superiores, los semidioses. Ravana era conocido también por su mala costumbre de raptar esposas y princesas de todo el universo para sí. Tras oír las palabras de su hermana, Ravana fue dominado por un ardiente deseo de enseñorearse de Sita.

Ravana se dirigió al bosque y casualmente se encontró con un ex demonio llamado Maricha. Curiosamente, Maricha era uno de los demonios que Rama lanzó al mar con Sus flechas en defensa de los sabios en Su primera incursión bélica. Como consecuencia del contacto con el adorable Señor Rama, Maricha decidió abandonar sus actividades demoníacas y volverse un sabio, pero Ravana rechazó su decisión y lo obligó a ser parte de su ardid para raptar a Sita. Ravana obligó a Maricha a transformarse, valiéndose de sus poderes místicos, en un venado dorado para colaborar con su plan nefasto. Cuando Maricha intentó rehusar, Ravana dijo que lo mataría. En tal caso, Maricha pensó que sería mejor morir a manos de Rama, y aceptó ayudar.

En su mente maligna, Ravana concibió un plan: “Maricha, como un venado dorado, místico y bello, pasará cerca de la cabaña de Sita, Rama y Lakshmana. Al ver al venadito, Sita indudablemente quedará encantada con el animal y le pedirá a su esposo que lo capture para tenerlo como mascota. Una vez que los hermanos Rama y Lakshmana vayan detrás del venado rumbo al bosque, Sita quedará desprotegida, momento en el que podré raptarla para mí”.


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Maricha hizo lo que Ravana ordenó y se transformó en un lindo venado de pelaje dorado. Tal como Ravana lo había planeado, Sita se sintió atraída al verlo, y Rama aceptó adentrarse en el bosque con el fin de capturarlo. Pero Lakshmana sospechaba algo, puesto que Rama le había pedido que permaneciera en la cabaña y protegiese a la princesa.

En el bosque, Rama sospechó el engaño y disparó una flecha contra el místico venado. Alcanzado por la afilada flecha, recostado en el suelo, Maricha se esforzó por gritar antes de morir: “¡Socorro, Lakshmana! ¡Socorro, Lakshmana!”. Maricha pidió ayuda de ese modo, imitando perfectamente la voz del Señor Rama. Este era otro poder místico que poseía Maricha. Al oír eso, Sita le imploró a Lakshmana que fuese pronto al encuentro de Rama a fin de socorrerlo.

Lakshmana sabía muy bien que su hermano era la Suprema Personalidad de Dios, y que nada podría ocurrirle. Sita, sin embargo, estaba muy afligida por los gritos de socorro que había escuchado e insistió para que Lakshmana fuese. Para obligarlo a marcharse, lo ofendió diciendo él deseaba la muerte de Rama para quedarse con ella. Muy resentido por semejante acusación, Lakshmana aceptó dejar a Sita e ir a buscar a Rama.

Lakshmana dibujó un círculo místico de protección alrededor de Sita y la cabaña, y dijo que Sita que no podía salir del círculo por ningún motivo. Después de hacer el círculo e instruir a Sita de ese modo, partió para encontrar a Rama.

Ravana por fin encontró la oportunidad que buscaba: Sita estaba sola. Fue hasta la cabaña disfrazado como un sabio viejo y débil por falta de alimento.


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Sita se llenó de compasión al ver al hombre hambriento, pues su corazón era gentil como una nube de lluvia. Pero para entregar el alimento al ‘sabio’, tuvo que dar un paso fuera del círculo creado por Laksmana. Cuando lo hizo, Ravana exhibió inmediatamente su verdadera apariencia y atrapó a Sita, para obligarla a subir a su cuadriga cerca de allí.

La cuadriga con Sita pidiendo socorro volaba alto en el cielo. Jatayu, un viejo buitre amigo del padre de Rama, trató de socorrer heroicamente a Sita. Jatayu no era un pájaro común, atacó a Ravana y logró destruir la cuadriga del demonio. Sin embargo, Ravana alcanzó a Jatayu con muchísimas flechas. Tanto el demonio de diez cabezas como el piadoso buitre cayeron al suelo. Jatayu, desgraciadamente, cayó a tierra casi muerto, y Ravana tomó a Sita y se fue volando con ella, aun sin su cuadriga.

Amigos en el bosque

El temible Ravana había conseguido alejar a Sita del Señor Rama, concretando el horrendo plan maquinado. Al no encontrar a Sita, Rama corrió por el bosque lamentándose mientras la llamaba y preguntaba si alguien conocía su paradero. Lakshmana había cometido un error al desobedecer la orden de su hermano. Avergonzado por su error, Lakshmana mantenía la cabeza gacha. Tal era la tristeza de todos por el rapto de Sita, que hasta los animales del bosque estaban apesadumbrados.


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Mientras tanto, Ravana voló por encima del océano y cargó a Sita hasta su reino llamado Lanka, donde la dejó prisionera en un pequeño bosque. Allá, Sita era vigilada por varias demonias. Ravana no se atrevía a tratar de aprovecharse de Sita por la fuerza, puesto que había recibido una advertencia:  si trataba de violar a alguna mujer encontraría la muerte de inmediato. Aun así, debido a que era presuntuoso de verdad, estaba despreocupado y pensaba que conquistaría el corazón de Sita con su encanto masculino…

Rama y Lakshmana encontraron al pájaro Jatayu tirado en el suelo, herido muy gravemente.


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Con los últimos suspiros de vida que le restaban, Jatayu contó a los hermanos que el demonio se había llevado a Sita en dirección al océano. Rama y Laksmana, entonces, se encaminaron por el bosque rumbo al mar. En el camino, los dos príncipes se encontraron con un temible monstruo. Su apariencia era horrenda: era gigantesco, poseía un único ojo, y no tenía cuello. Aquella existencia terrible, sin embargo, estaba cerca de su fin. Una vez muerto por el Señor, el alma del monstruo se libró de aquel cuerpo despreciable y subió en dirección a los planetas celestiales, donde residía previamente. Su nombre era Kadamba. Muy agradecido, le dijo a Rama mientras ascendía luminoso a los cielos: “Pedid el auxilio de los grandes monos liderados por el rey Sugriva. Ellos seguramente pueden ayudaros”.

Rama estaba muy abatido por el rapto de Sita, la única mujer que amó y amaría como esposa por toda Su vida. A pesar de la inmensa tristeza que experimentaba, siguió con el apoyo de Laksmana en busca del rey mono.

Cuando los dos hermanos se acercaron a la caverna donde vivía Sugriva, este los avistó de lejos. Ambos hermanos parecían residentes de los planetas celestiales, pero la espada de metal azul en la cintura del Señor Rama y Su formidable arco apoyado en el hombro preocuparon a Sugriva. Entonces subió a una parte alta de la montaña para observar a los dos hermanos. Para esa inspección, Sugriva llevó consigo a sus monos consejeros. Luego de estudiar a los príncipes por un tiempo desde lejos, Sugriva decidió enviar a Hanuman para descubrir el motivo de su visita. Hanuman se disfrazó de ser humano y se acercó a ellos con más seguridad —Hanuman tenía muchos poderes místicos, puesto que era hijo del gran semidiós Vayu. Hanuman les preguntó de dónde venían, y Laksmana al magnífico mono su historia. Cerca de Rama, Hanuman sentía que su amor por Dios crecía como nunca antes lo había hecho. Sentía como si fuera siervo de aquel rey Rama desde hacía muchísimo tiempo. En verdad, esto era verdad, pues Rama es el Dios Supremo y Hanuman, como un alma pura, es Su siervo eterno.

Hanuman, ya en su forma de mono, se inclinó a los pies de Rama.


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Presentó a Rama y a Laksmana al rey Sugriva, y así se formó una gran amistad. Sugriva aceptó ayudar a Rama a rescatar a Sita, y Rama también Se dispuso a servir como pudiese.

El rescate comienza

Al ser informados por un testigo de que Sita había sido llevada por encima del océano, un grupo de monos fue enviado hacia allá. En ese momento, Hanuman se volvió inmenso y saltó desde la cima de una montaña, volando por la inmensidad del mar hasta la ciudad de Ravana, en busca de Sita.


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Los otros monos no eran tan audaces como Hanuman para acompañarlo en ese salto increíble, por lo que solo permanecieron en la playa deseando el éxito total al mejor de los monos.

Al llegar a la ciudad de Ravana, Hanuman se hizo pequeño, casi invisible, y anduvo por la ciudad hasta encontrar a Sita en el pequeño bosque. Estaba rodeada por demonias que vigilaban, pero estaban todas dormidas. Al principio, Sita creyó que Hanuman era otra persona enviada por Ravana para atormentarla. Pero Hanuman sabía cómo convencerla de que también era un siervo fiel de Rama, al igual que ella. Él relató las glorias de Rama, Lo describió correctamente como el Señor Supremo y el verdadero bienqueriente de todas las entidades vivientes y, por último, le mostró a Sita Su anillo.

Hanuman, entonces, le dijo a Sita que debía subir sobre sus hombros para llevarla de vuelta con su esposo, pero Sita se rehusó a tocarlo. Como devota perfecta, Sita sabía de su obligación de dar el ejemplo de castidad, y de ningún modo tocaría a un hombre distinto a su esposo.

Así que Hanuman fue a negociar con Ravana la libertad de Sita. Como mensajero de Rama, le dijo que debía liberarla inmediatamente o tendría que enfrentar las consecuencias. Los soldados de Ravana, sin embargo, no tomaron en serio a un mensajero mono, por lo cual decidieron humillar a Hanuman. Ellos asieron su cola y le prendieron fuego, pero Hanuman toleró eso sin protestar. Hanuman no era orgulloso pues era un siervo del Señor, pero al ser ofendido mientras actuaba como mensajero de Rama, atacó a los agresores por el honor de su Señor. Usando como antorcha la punta de su cola incendiada, Hanuman prendió fuego a la ciudad de Ravana.


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Al incendiar la ciudad, Hanuman dijo: “¡Como todo empeño contrario a la voluntad divina, este reino de Ravana encontrará la destrucción! ¡Y después este demonio morirá por atreverse a raptar a Sita!”. Tras decir esas palabras, Hanuman saltó una vez más por encima del océano para llevar la noticia al Supremo Señor Rama.

El Señor Rama quedó muy contento al saber que Su esposa estaba viva y aguardando por Él. Sita le había enviado un recuerdo. Hanuman dijo, “Mi Señor, Rama, Sita me pidió que le diera a Vuestra Majestad este prendedor de cabello que estaba usando. Tómelo, por favor, es de su Majestad”. Rama apretó el prendedor del cabello de Sita contra Su pecho. Todo eso le dio a Rama la fuerza necesaria para luchar contra Ravana y cualquier otro que se cruzara en Su camino.

Rama tenía un ejército de millones de monos fieles a Su causa de rescatar a la indefensa y amable Sita, pero ¿cómo cruzaría el océano aquel ejército glorioso? Como Rama es el Dios Supremo, todos los semidioses son obedientes a Él. Por lo tanto, el semidiós de las aguas prometió que haría flotar las piedras arrojadas al mar con el nombre de Rama, haciendo posible la construcción de un gran puente.


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Los monos trabajaron duramente para construir el puente, cargando hasta la playa grandes piedras, árboles e incluso montañas. Una vez terminado aquel puente nunca visto, el ejército de monos marchó a través de él con gran imponencia.

Tiempos de guerra

Por el puente marcharon Rama, Laksmana y todo el ejército de monos. Ellos marchaban en formación militar con Rama y Laksmana al frente, seguido por los monos detrás,  organizados en varias falanges, algunos cargando piedras, otros sosteniendo árboles gigantescos. Los soldados monos se daban ánimo y confianza unos a otros, diciendo. “¡Vamos a destruir esa ciudad demoníaca! ¡No quedará nada en pie!”.

La ciudad de Ravana despertó a la mañana siguiente rodeada por millones de soldados monos. Ravana también tenía inmensas tropas de demonios a su disposición y ocurrió una gran batalla. La guerra prosiguió violentamente durante días.

Hanuman se destacaba en el campo de batalla junto a Rama y Laksmana. Laksmana luchaba con gran habilidad con su arco y flechas; la espada de lámina azul del Señor Rama daba golpes rápidos y mortales; la maza dorada y gigante de Hanuman era capaz de golpear a innumerables enemigos a la vez.

Cuando Ravana percibió que estaba perdiendo a sus soldados más importantes, decidió que era el momento de despertar de su sueño a Kumbakarna. Este era hermano de Ravana —¡el hermano gigante de Ravana! En el pasado, este gigante había hecho estragos en el universo al comerse a muchísimas personas. Los residentes de los planetas superiores maldijeron a Kumbakarna para que durmiera durante todo el año, despertando solo una vez para comer.

Kumbakarna dormía en una caverna tan gigantesca como él. Las tropas de demonios entraron en la caverna teniendo que tolerar el temible aliento que salía de la boca abierta del demonio, que roncaba horrendamente. Llevaron baldes de sangre para alimentarlo e hicieron ruidos ensordecedores. Además, las tropas de demonios pasaron con caballos, camellos, elefantes y burros sobre su pecho para despertarlo.

Fue penoso despertar al gigante adormecido, pero cuando Kumbakarna por fin despertó de su sueño y se unió a la batalla, aniquilaba a miles de monos con un simple golpe de su inmensa arma. Con su enorme mano, Kumbakarna atrapaba a veinte o treinta monos a la vez y se los comía sin piedad. Los monos arrojaban piedras y cimas de montañas contra él, pero eso en nada debilitaba a aquella pavorosa criatura.

Solo Rama podía detener al hermano de Ravana. Entonces, en un acto de gran coraje, Rama cortó un brazo a Kumbakarna, luego el otro, luego sus piernas y, finalmente, su cabeza.

Ante la muerte de Kumbakarna, Ravana decidió enviar a Indrajit, su propio hijo, a la batalla. En la cima de una montaña, Indrajit ofreció en un fuego sacrificial diversos artículos, tales como espadas, lanzas y una cabeza de cabra. En la ceremonia demoníaca, el hijo de Ravana obtuvo muchos poderes místicos para luchar.

Después de saltar de la montaña, Indrajit llegó al campo de batalla y se dispuso a atacar a los soldados monos invisiblemente. Miles y miles de monos fueron muertos por las flechas de Indrajit. Las flechas mortales parecían surgir del vacío.

La contienda proseguía furiosamente, y Rama y Laksmana fueron heridos de gravedad por las flechas especiales de Indrajit. Puesto que Rama, Laksmana y Hanuman parecían muertos, Indrajit consideró que la guerra había terminado, y se retiró del campo de batalla con todas las tropas que lo auxiliaban.

Los médicos monos allí presentes dijeron que no estaba todo perdido. Había algunas hierbas medicinales de una montaña del Himalaya que podían salvar a los dos heroicos príncipes, y Hanuman obviamente reuniría fuerzas para ir a buscar las hierbas para salvar a sus amados señores.

Fue instruido para ir a la montaña distante y tomar cuatro hierbas específicas. Hanuman, entonces, saltó otra vez por encima del océano para llegar a la montaña. Allá, cuando la montaña comenzó a ocultarle las hierbas, Hanuman se enojó enormemente. A la fuerza, Hanuman arrancó la cima de la montaña con sus poderosos brazos y la llevó hasta el campo de batalla. De regreso, Hanuman colocó la montaña en el suelo, momento en el cual fue abrazado por Vibhishana, el mono médico, que se sintió inmensamente feliz por el retorno de Hanuman. Vibhishana logró hacer que la montaña le entregase las hierbas necesarias para hacer el remedio.

El medicamento, para alegría de todos, surtió el efecto esperado, y así los médicos monos curaron a Rama y a Laksmana, así como a todo el ejército de monos.

Todos fueron nuevamente al encuentro de Indrajit. El demonio se sorprendió al ver a sus enemigos vivos y trató de derrotarlos con diversas ilusiones, pero el fin de Indrajit era inevitable. Laksmana lanzó una flecha certera contra él. La flecha viajó por el aire velozmente y cortó la cabeza del temible Indrajit. Su cabeza rodó por el campo de batalla así como una fruta redonda rueda por una ladera.


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Por fin, todos los grandes combatientes de Ravana habían muerto, y ahora Ravana personalmente desafiaba a Rama. Indra, el semidiós de los cielos, le obsequió al Señor Rama una cuadriga de oro para el gran duelo y el enfrentamiento dio comienzo. Rama, el arquero defensor del bien y la virtud, lanzaba flechas que cortaban las cabezas de Ravana, pero por cada cabeza que caía, crecía otra en su lugar. Ravana se reía del Señor Rama mientras las cabezas cortadas crecían nuevamente. El combate de flechas entre Rama y Ravana era espectacular, pero pronto acabaría. Rama, determinado a matar al demonio de diez cabezas, fijó en Su arco infalible una grandiosa flecha mística. La flecha fue disparada y corrió como un rayo en dirección al duro corazón de Ravana, quien cayó muerto en el campo de batalla.

Sita y Rama, la pareja inseparable

Ravana estaba muerto, y  Sita por fin era libre de aquella pesadilla. Hanuman, Sugriva y todos los monos celebraron la victoria del Señor Rama, mientras los semidioses derramaban lluvia de flores desde el cielo.

La gran guerra había terminado, y Sita fue devuelta a Rama. Sin embargo, había un problema. Como rey ejemplar, ¿podría Rama tener como reina a una mujer que había estado con otro hombre? Rama, en realidad, sabía que Sita era completamente fiel a Él, pero tenía que probarlo a Su pueblo y al universo entero para que nadie osase jamás dirigir una crítica a Su intachable esposa.

Rama fingió desconfiar de ella. ¿Sita había sido fiel o no? Para probar su fidelidad, Sita entró en una hoguera hecha por Laksmana. Rama contempló la escena con gran seriedad, mientras los demás presentes lloraban ríos de lágrimas. Sita dio el primer paso hacia dentro del fuego, y una lágrima brotó de los ojos de Rama.

Sita había desaparecido dentro del fuego. ¿Qué había pasado? ¿Estaba muerta? ¿Qué significaba ello? Pasado un tiempo, Sita fue traída de nuevo por el semidiós Agni.

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Sita estaba vestida con un bellísimo sari, y sus cabellos negros enrulados caían sobre su rostro. Agni, el semidiós del fuego, dijo: “Sita jamás fue infiel a Rama, ni con su cuerpo, ni con sus palabras y ni siquiera con su mente. ¡Su corazón le pertenece enteramente al Señor Rama! Señor Rama, por favor, acéptela”.

Rama es el Señor Supremo y Sita es la personificación del servicio devocional al Señor. Ellos son inseparables como el Sol y el brillo solar.

El tiempo que Rama tenía que vivir en el bosque había terminado. Así que finalmente regresó al reino de Ayodhya. Allí, Su hermano había rehusado ser rey y solo había gobernado en nombre de Rama mientras éste había estado fuera. Con el regreso victorioso de Rama, hubo una gran alegría.

Aquel que oye la historia de Rama con total reverencia, se libra de todos los pecados y va para Su reino. Por escuchar esta historia con devoción, una persona ciertamente se libera, junto con muchas generaciones de antepasados.


viernes, 17 de marzo de 2023

DISCURSOS DIVINOS SOBRE EL BHAGAVAD GITA por Sri Sathya Sai Baba – Llegan a Dios sólo a través del Amor

DISCURSOS DIVINOS SOBRE EL BHAGAVAD GITA por Sri Sathya Sai Baba – Llegan a Dios sólo a través del Amor

DISCURSOS DIVINOS SOBRE EL BHAGAVAD GITA

por Sri Sathya Sai Baba

Llegan a Dios sólo a través del Amor

Gita Acharya ha dicho: "A todo aquel que Me recuerde amorosamente y Me adore, lo llevaré Conmigo y le otorgaré Buddhi Yoga, el Yoga de la Inteligencia. Esta es Mi promesa".

El Buddhi Yoga se refiere a aquella facultad de la discriminación que es capaz de distinguir Atma de Anatma, el Yo del No-Yo, lo que es permanente de lo que es transitorio y cambiante. Esta facultad discriminatoria llega a adquirirla únicamente la gente que ha desarrollado la devoción sagrada y que está llena de amor por el Señor.También para alcanzar la Sabiduría, el camino principal lo representa la devoción; en verdad, esta es la única senda hacia el más alto conocimiento espiritual. El Señor ha proclamado, en el Capítulo 12 del Gita, que: "Aquel que es devoto Mío, Me es caro". ¿Qué es la devoción? Ella es el permanente fluir del amor hacia el Señor. Cuando el amor fluye hacia cosas pasajeras, no es devoción, sino una forma de apego. Mas, cuando fluye hacia la entidad permanente, se transforma en devoción. La devoción se inicia con una actitud en la que uno siente que es el servidor de Dios, Dasoham, y va progresando hacia el principio según el cual se identifica directamente con el Señor, lo que constituye la etapa de Soham, 'Yo soy El, yo y el Señor somos Uno.

En la práctica, la devoción puede asumir dos formas principales. Una, representa el tipo de devoción que se refiere a ciertas actividades de culto y a rituales que llevan a cabo los devotos, como el adorar al Señor con diferentes tipos de ofrendas, el visitar lugares importantes de peregrinación, el bañarse en los ríos sagrados y otros por el estilo.Todos estos son ejemplos del tipo de devoción común. Gita Acharya, sin embargo, no acepta esto como la única senda de la devoción. Hay aún una forma superior de devoción que podría denominarse en realidad 'la verdadera devoción', la que se asocia con el desarrollar un carácter inmaculado y con estar constantemente inmerso en un amor total por el Señor. Ella es Parabhakti, la devoción trascendental.Y es así que debemos distinguir entre Bhakti, la devoción común y Parabhakti, la devoción trascendental o suprema.

La devoción común hace uso de cosas y artículos del mundo fenoménico para el culto al Señor, como flores y hojas, por ejemplo. ¿De dónde provienen estas cosas? ¿Han creado ustedes estas flores? ¿Han sido capaces de fabricarlas? No.Todas han sido creadas por el Señor, son Su Creación. ¿Dónde está, entonces, el sacrificio, si le ofrecen al Señor cosas que Él mismo ha creado? El Gita ha mostrado que el tomar las cosas creadas por el Señor y ofrecérselas a Él mismo, no puede sino ser considerado como una forma muy común de devoción. Mas el ofrecerle al Señor la sagrada flor del corazón, que no guarda relación con el mundo, y hacerlo con amorosa adoración, ello constituye Parabhakti, la más elevada devoción. Esta es la devoción que deben anhelar.

En este contexto necesitamos inquirir también en la diferencia que existe entre Jnanam, conocimiento, y Dhyanam, meditación. Sin la meditación no es posible adquirir conocimiento verdadero. Sin embargo, al mismo tiempo, sin habernos dado cuenta primero de la existencia del Conocimiento superior, tampoco podemos entrar en verdad a la etapa de la meditación. Y en una situación así, ¿cómo podemos comenzar? En la concepción popular de la palabra 'meditación', significa concentrarse en algún objeto y, a través de ese objeto, alcanzar la fase final. Mas, este no es el enfoque correcto de la meditación. Hablando etimológicamente, la palabra Tvayi Chinthãyam explica el origen de Dhyanam o meditación.Tvayi Chinthãyam se refiere al meditar en Dios Mismo, lo que también podría llamarse devoción. De modo que meditación y devoción son realmente lo mismo; ambas implican el proceso de concentrarse en el Señor y de pensar solamente en Él. Sin este tipo de meditación o devoción resultará imposible llegar a alcanzar alguna vez el ilimitado esplendor del Señor.

Anhelamos obtener los frutos, y estos son ciertamente importantes, pero no podremos tener frutos si antes no tenemos la flor. Primero brotará la flor y luego viene el fruto. De manera similar, la devoción podría compararse con la flor. Sin desarrollar primero nuestra devoción y permitirle que florezca, será imposible que adquiramos el fruto del conocimiento espiritual o sabiduría. En la etapa de la flor, el devoto ha de considerarse a sí mismo como Dasoham: 'Soy tu servidor, oh Señor …' De ahí ha de seguir hacia la etapa de Soham: 'Yo soy Él , soy Brahman, soy Eso'. Este fue el camino por el que el gran sabio Vidyaranya comenzó su Sadhana, teniendo como punto de partida el Dasoham, 'yo soy el servidor del Señor'. Gradualmente, al ir pasando el tiempo, su Sadhana progresó de Dasoham a Soham, 'Yo soy Él, ¡Soy el Señor Mismo!' Una vez, cuando Vidyaranya discutía sobre el Sadhana con sus discípulos, éstos le preguntaron: "Swami, nos has enseñado a decir siempre 'soy el servidor del Señor, Dasoham, Dasoham', pero ahora tú repites únicamente 'Soham, Soham, yo soy Aquello' y 'Shivoham, soy Shiva, soy el Señor'.

¿Cuál es la razón para este cambio? ¿Se trata de una etapa diferente de devoción? El Gurú replicó: "Queridos hijos.Toda mi vida repetía orando 'Dasoham, oh Señor yo soy tu servidor, soy tu servidor', mas un buen día, Chittachora, el ladrón de corazones, vino y se robó el 'Da', entró en mi corazón y se llevó consigo el 'Da' de Dasoham, dejándome sólo Soham. Más adelante vino a mí en un sueño y me dijo: 'Para empezar, tuviste que comenzar tu Sadhana con Dasoham; pero a medida que has progresado, fuiste acercándote cada vez más a Mí. Ahora has llegado a ser muy querido y cercano a Mí, de modo que puedes utilizar Soham. Simplemente, repite constantemente Soham, porque tú y Yo hemos llegado a ser Uno ahora".

Otro ejemplo de este Sadhana es el caso de dos devotos de Ramakrishna Paramhamsa. Uno era un Grihastha, un devoto que llevaba una vida familiar, y el otro era un Sannyasi. Nagamahãsaya era el devoto con familia, y Vivekananda era el Sannyasi. Nagamahãsaya practicaba siempre el principio de Dasoham. Cualquier devoto que comience desde la etapa de Dasoham, verá que su egoísmo desaparece rápidamente. En tanto se mantenga el egoísmo, ninguna persona podrá aspirar al sagrado conocimiento del Atma. Incluso fue asi para Arjuna. Aunque Krishna estuvo como su amigo a su lado y lo estimuló durante toda su vida, no fue sino hasta que Arjuna arrojara su arco Gãndiva, renunciara a su Ahamkara, su egoísmo, y se entregara por completo al Señor, diciendo 'Ordena, oh Señor, que haré todo lo que Tú digas', que Krishna le entregó el Gita y le enseñó la más elevada Sabiduría. Mientras quede alguna traza de egoísmo, uno no puede alcanzar el nivel del Atma ni puede realizar el Paramatma Swarupa, la Realidad Suprema. Una vez que se ha obtenido la Gracia del Señor, se hace imposible seguir guardando egoísmo, porque ¿cómo podrían coexistir la luz y la oscuridad en un mismo lugar y al mismo tiempo? Ello es imposible.

Fue así que Nagamahãsaya comenzó desde el humilde inicio que se asocia con 'Dasoham, Dasoham, yo soy Tu servidor, soy Tu servidor'. Por otra parte, Vivekananda expandió grandemente su mente por medio de la constante repetición de 'Shivoham, Shivoham, yo soy Shiva, yo soy Eso'. Vidyaranya Swami ha dicho que Nagamahãsaya y Vivekananda adoptaron sendas diferentes para sobreponerse al poder de la ilusión, debido a las circunstancias de sus vidas y experiencias. Nagamahãsaya, el jefe de familia, siguió la senda de Dasoham, se fue empequeñeciendo y empequeñeciendo, hasta que se hizo tan diminuto que se liberó por completo de las garras del tigre de Mãyã que lo había tomado. De esta manera, se liberó perdiendo su ego.
En el caso de Vivekananda, los grilletes de Mãyã que lo atenazaban se rompieron, luego que se expandiera tan enormemente con su 'Shivoham, Shivoham, yo soy Shiva, yo soy Shiva'.

Cualquier persona que desarrolle dentro de sí la sagrada y excelsa idea de 'Yo soy Dios, soy Dios', no será importunada por ninguna cosa, nada podrá interponerse en su camino. Es obvio que de nada vale el simplemente enunciar esto en palabras, ellas deben provenir de la experiencia real. Uno debería llegar a sobrepasar la conciencia corporal y mantener bajo un control firme a los sentidos. Luego, al identificarse de manera continua con el Señor, podrá, con el tiempo, adquirir la Sabiduría Suprema. O, como hemos visto, también puede seguir la senda de Dasoham, mediante la cual remueve el egoísmo de su corazón, con lo que podrá llenarse de bienaventuranza.

Existen tres caminos sucesivos en el sendero hacia la realización de Dios. Ellos son Dvaita, Dualismo; Vishistadvaita, No-Dualismo Calificado; y Advaita, No-dualismo. Inicialmente, el devoto declara 'yo soy un devoto del Señor'. Aquí nos encontramos con dos entidades, una es Dios y la otra es el devoto. Respecto a Dios se cree que está lejos en algún lugar, en tanto que la actitud y el enfoque del devoto es tratar de encontrarLe, de aproximarse a Él y de llegar a estar muy cerca de Él. Esto representa la etapa de Dvaita. El devoto va progresando paulatinamente por esta senda, hasta que, a su debido tiempo, llega a encontrarse cara a cara con Dios; entonces le dirá: 'Señor, soy Tu devoto'. En esta segunda etapa, se para frente al Señor y declara que es Su devoto. Mas en la tercera etapa, la de Advaita, puede declarar: 'Yo soy Tú y Tú eres yo mismo. Ambos somos Uno'.

De modo que comenzamos nuestro trayecto en la etapa del dualismo y terminamos, finalmente, en la etapa del no-dualismo. Emprendemos nuestro sadhana con el tipo más común de devoción, rindiéndole culto al Señor con forma y atributos, haciendo uso de rituales y formas exteriorizadas de culto. Empero, a menos que empecemos con los aspectos Sakara y Saguna de Dios, vale decir con forma y atributos, jamás podremos llegar a realizar el Nirakara y el Nirguna, el aspecto Absoluto y Sin Forma de la Divinidad. Es por ello que, inicialmente, nos desarrollamos espiritualmente haciéndonos servidores del Señor.Y entonces, eventualmente, podremos llegar a identificarnos completamente con Él.

Piensen, por un instante, en un círculo muy grande y que, a su lado y separado de él , hay otro círculo, uno mucho más pequeño. Podemos imaginar que el círculo grande es Dios y que el pequeño es el Jiva, el alma individual. Aquí el Jiva es algo separado y diferente de Dios: esto es Dvaita, dualismo. Si corremos el círculo pequeño como para sobreponerlo al mayor, tenemos Vishistadvaita, No-Dualismo Calificado: ahora el Jiva es parte de la Divinidad, existe en Dios. ¿Y qué significaría entonces que el Jiva llegue a fusionarse por completo con el Señor? El pequeño círculo debe ampliarse y hacerse cada vez más grande hasta que se haya expandido plenamente al tamaño del círculo mayor. Llegado a ese punto, ambos círculos resultan indistinguibles el uno del otro: Jiva y Deva son Uno, el hombre se ha fundido en Dios. Esto es Advaita, el no-dualismo pleno.

En la senda de la devoción, es Prapatti, la rendición absoluta, lo que hace que el Jiva Tattva se expanda y se fusione en el Deva Tattva, el Principio de Dios. Será únicamente cuando reconozcamos y entendamos este Principio de la Divinidad que le es inherente al hombre, que nuestras flaquezas nos abandonarán y que desarrollaremos la amplitud mental que culmine en la fusión en el Señor. ¿Cómo podemos lograr este entendimiento de nuestra naturaleza divina? ¿Cómo podemos reconocer la Divinidad dentro de nosotros? Solamente a través de una práctica constante, a través del Abhyasa llegaremos a esa realización. Para llegar a adquirir hasta la más mínima habilidad en el mundo, debemos dedicarnos a una práctica constante con el objeto de perfeccionarnos.Ya sea para leer o escribir, para aprender a caminar o a comer … todo esto requiere más que nada de práctica. Si comenzamos nuestra práctica en la etapa inicial, podremos, eventualmente, llegar a la final.Y en este caso, el último paso significará la adquisición del conocimiento supremo que nos hará libres.

Existen dos tipos de conocimiento. Uno se refiere a lo espiritual y el otro al del mundo físico. El inquirir en las diversas propiedades de un objeto representa el conocimiento común asociado con el mundo. Mas el entender los principios internos y el significado de cada objeto que existe o haya existido en el mundo representa el conocimiento espiritual, ello es lo que podríamos denominar sabiduría. Sin esta sabiduría, sin este entendimiento espiritual como base, no nos es posible lograr un verdadero conocimiento del mundo. De modo que, incluso para llegar al conocimiento del mundo requeriremos del conocimiento espiritual.
Y bien, sin este cuerpo no es posible realizar actividad alguna. Para todos los tipos de trabajo y para todas las actividades se necesita del cuerpo, él constituye la base de toda práctica. El cuerpo debe usarse con el propósito de alcanzar nuestra meta y para llevar a cabo aquellas actividades que sean de utilidad para otros. Para que los niños presentes puedan entender fácilmente estos conceptos, imaginemos por un momento que hemos ido a un picnic a un bosque y que hemos llevado todos los artículos necesarios para cocinar y preparar nuestro alimento. Antes de comenzar los preparativos, reunimos tres piedras y las arreglamos como para darle una base a las vasijas para cocinar. Despues ponemos algo de agua en las vasijas y luego agregamos el arroz. Debajo de la vasija, entre las piedras, encendemos un fuego. ¿Cuál es el propósito del fuego debajo de la vasija? Con su calor coceremos el arroz que hay en ella. Si no tenemos la vasija y tuviéramos que poner el arroz directamente en el fuego, no obtendriamos la comida que deseamos. El calor del fuego se transmite a la vasija, de ella al agua y del agua actúa sobre el arroz. De este modo se cocerá el arroz y podremos degustar nuestra comida.

En esta jungla de la vida buscamos la felicidad, la que puede ser comparada con la comida que estábamos preparando. Las tres piedras representan las cualidades de Satva, Rajas y Tamas. Nuestro cuerpo puede ser considerado como la vasija. Nuestros sentimientos y deseos son el agua y nuestros anhelos y aspiraciones espirituales, el arroz. El fuego que hemos encendido entre las tres piedras es el Sadhana purificador que se usa para adquirir la sabiduría. Este fuego purificador debe serle aplicado al cuerpo y, a través del cuerpo, a los sentimientos y deseos; a su vez, estos serán cocinados y transmutados en el más alto anhelo espiritual que, finalmente, desembocará en el producto cocinado, el alimento espiritual, el Atma Jnana, que ha sido nuestra aspiración. No nos es posible llegar a esta sabiduría espiritual de manera directa, en el corazón, sin pasar primero por este proceso del cocido. A través del cuerpo y de nuestros buenos sentimientos debemos calcinar los deseos, transformarlos en anhelos espirituales que son los que conducen a la realización del más elevado conocimiento.

La aplicación correcta de la práctica de la meditación es el gradual, lento y seguro control de todos nuestros deseos. Mediante el control de nuestros órganos sensoriales y de nuestros deseos, se hace posible llevar a cabo todas nuestras actividades de manera natural y espontánea, sin esperar cosechar los frutos de nuestro trabajo. En la actualidad, resulta imposible realizar un trabajo sin frutos; cada vez que emprendemos alguna actividad, la seguirá necesariamente alguna consecuencia o fruto. Se ha dicho " ma-phalesu y no na-paleshu" lo que significa, no pienses en ello como 'sin frutos', sino como 'desinterés en los frutos'. Siempre habrá frutos, pero no trabajamos para obtenerlos, consideramos que es nuestro deber el trabajar. Mientras cumplimos con nuestro deber, se producirán incidentalmente algunos deseos y también algunos resultados, en otras palabras, algunos frutos. Nada de malo hay en ello. Simplemente, seguimos cumpliendo con nuestro deber. El Gita no ha enseñado que las acciones carecerán de frutos. Mas hay gente que, por no haber comprendido correctamente el sentido de desechar los frutos de la acción, ha procedido a renunciar a la acción misma. No obstante es necesario seguir emprendiendo acciones. Hasta que se haya cocido el alimento, se requiere del fuego. Hasta que no hayamos entendido el secreto interior del trabajo y el del renunciar a los frutos de este, deberemos continuar sumidos en actividades y en el cumplimiento de nuestros deberes.

Ya sea respecto del trabajo, del sacrificio de los frutos del trabajo o del adquirir sabiduría, la base y raíz de todo es el amor. Un carácter noble y un comportamiento correcto revelan la verdad interior de una persona, y esta verdad se basa en el amor. La verdad, la paz, la rectitud y la no violencia – Sathya, Shanti, Dharma y Ahimsa- no existen por separado.Todas dependen esencialmente del amor. Cuando el amor penetra en nuestros pensamientos, se convierte en verdad.

Cuando el amor se manifiesta en forma de acción, se convierte en rectitud o justicia, Dharma. Cuando nuestros sentimientos se saturan de amor, ello se manifiesta automáticamente como paz. El significado mismo de la palabra paz, es amor. Cuando llenamos nuestro entendimiento de amor, se vuelve Ahimsa. El practicar el amor es Dharma, el pensar en el amor es Sathya, el sentir el amor es Shanti y el comprender plenamente el amor es Ahimsa. Respecto de todos estos valores, es el amor el que fluye como corriente subterránea, uniendolos. En el Buddhi Yoga que ha sido enseñado en el capítulo de Bhakti Yoga, se dice: 'Haz uso de este amor para alcanzarMe .Y, para hacer uso de este amor, debes llenarte de amor tú mismo, y de ese modo desarrollarás la cercanía a Mí'.

Queridos devotos, vuestras manos son muy pequeñas, mas con esas diminutas manos Me están sirviendo a Mí. Vuestros ojos son pequeños y Mi creación es muy vasta, mas con vuestros ojos están tratando de ver todo este vasto universo. Vuestros oídos son pequeños, mas con esos oídos escuchan Mis palabras y Mis sonidos.Vuestros pequeños pies recorren el camino hasta Mi presencia. Sin embargo, el sólo llegar hasta Mi no responde plenamente a vuestro propósito. El meramente servirme con vuestras dos manos no alcanzará para mucho. El solo mirar a Mi vasto mundo con vuestros dos ojos, no servirá de mucho.Y el escuchar Mis Divinas palabras con vuestros oídos no les llevará muy lejos. Mas hay algo que pueden hacer que puede producir un gran impacto, un efecto verdaderamente significativo: ello es que Me instalen permanentemente en vuestro corazón. Una vez que Me hayan llevado a vuestro corazón, todas las demás actividades dejarán de ser importantes.

Y bien, sean cuales fueren las actividades que hayan emprendido como culto, usando vuestras ojos, oídos, manos y pies, ellas habrán servido únicamente para controlar la mente. Mas, cuando inviten al Señor a entrar en vuestro corazón, se hará fácil el control de la mente y de los sentidos.Tanto la mente como los sentidos se calmarán por sí mismos. No se requerirá de esfuerzos especiales para sacrificar el fruto de la acción. Una vez que comiencen a pensar en Mí y a centrar sus pensamientos sólo en Mí, Yo me haré cargo, automáticamente, de todo lo demás. Para llegar a este estado, deben tomar una firme determinación. Si no llegan a tener una fe inconmovible y plena, les será imposible alcanzar la dicha que se deriva de esto.

Dios es siempre pleno y completo, y para alcanzar a un Señor tal deben tener una fe plena. Si Él es pleno y completo y ustedes no lo son, no se puede desarrollar la fuerza ligadora que los mantenga unidos a Él. Para alcanzar ese amor pleno y completo que es el Señor, también tienen que tener un corazón pleno, lleno de fe y lleno de amor. En cambio, si están llenos de dudas, estarían traicionando a este puro principio del amor y vuestras dudas mancharían al Señor mismo, que es omnisciente, omnipotente y omnipresente y que sabe de cada pensamiento vuestro.Todo pensamiento que tengan, llénenlo con Él. Piensen en Él, con un corazón saturado de amor y de fe, y, entonces, ciertamente Lo alcanzarán. En el Gita, Él ha dicho que llegarán a serle caros cuando lo adoren plenamente, con todo el corazón.Y ello significa el verle en todas partes y en todo. El Gita proclama "Adveshta Sarva Bhutanam", No odies a nadie y a nada en la Creación, porque Él está en cada nombre y cada forma.

La persona que ha llegado a dominar todos los tipos de educación con este sentimiento de amor impregnando todo su ser, Me es muy querida.Todas las cualidades nobles se encuentran en plenitud en el hombre, sin embargo, no hacemos esfuerzo alguno para llegar a ser conscientes de ellas. Ocupamos todo nuestro tiempo solamente en actividades seculares. No obstante, debemos emprender aquellas actividades que nos ayuden a alcanzar nuestra meta. Cualquiera sea el culto que llevemos a cabo exteriormente, también tendremos que realizarlo interiormente. Así se logrará la unidad entre lo interior y lo exterior y llegaremos a experimentar la armonía y la plenitud. Una vez que comprendamos esto, nuestra vida será santificada.

En el Bhakti Yoga, el Yoga de la Devoción, se ha enseñado que el amor es la base de todo; él es, aisladamente, la más importante de las cualidades que han de ser desarrolladas.Todos nuestros pensamientos deberán llegar a estar inmersos en esta cualidad del amor, ya que así se establecerá, naturalmente, la verdad en nuestro corazón.Todos nuestros actos han de estar saturados de amor, y así se manifestará, naturalmente, el Dharma en todas nuestras empresas.Todos nuestros sentimientos han de estar empapados de amor, pues de este modo hemos de gozar de inmensa paz.Todo nuestro entendimiento ha de estar lleno de amor, y no podremos odiar ni lastimar a nadie ni a nada. De modo que el amor es la base misma de la paz mental. El amor es la cuna misma de la Verdad. El amor es el cimiento mismo del Dharma y el Ahimsa.Y es por ello, que Swami repite a menudo que 'El Amor es Dios y Dios es Amor'. La esencia de las enseñanzas del Bhakti Yoga consiste en desarrollar y practicar este amor; al practicar el amor, nuestra mente se expandirá y, de este modo, llegará a desarrollar plenamente toda la grandeza que nos es inherente.

Fuente: Del Discurso Divino pronunciado el 10/8/1984.